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quinta-feira, 18 de agosto de 2011



 LOS OTROS CUENTOS

RELATOS DEL SUBCOMANDANTE MARCOS


LA HISTORIA DE LAS MIRADAS

Mira Capitán (porque debo aclararles que en el tiempo en que yo conocí al Viejo Antonio tenía yo el grado de Capitán Segundo de Infantería Insurgente, lo que no dejaba de ser un típico sarcasmo zapatista porque sólo éramos cuatro –desde entonces el Viejo Antonio me llama 'Capitán'), mira Capitán, hubo un tiempo, hace mucho tiempo, en que nadie miraba…

No es que no tuvieran ojos los hombres y mujeres que se caminaban estas tierras.

Tenían de por sí, pero no miraban. Los dioses más grandes, los que nacieron el mundo, los más primeros, de por sí habían nacido muchas cosas sin dejar mero clarito para qué o por qué o sea la razón o el trabajo que cada cosa debía de hacer o de tratar de hacer.

Porque de que cada cosa tenía su por qué, pues sí, porque los dioses que nacieron el mundo, los más primeros, de por sí eran los más grandes y ellos sí se sabían bien para qué o por qué cada cosa, eran dioses pues.

Pero resulta que estos dioses primeros no muy se preocupaban de lo que hacían, todo lo hacían como fiesta, como juego, como baile.

De por sí cuentan los más viejos de los viejos que, cuando los primeros dioses se reunían, seguro tenía que haber una su marimba1, porque seguro que al final de sus asambleas se venían la cantadera y la bailadera.

Es más, dicen que si la marimba no estaba a la mano, pues nomás no había asamblea y ahí se estaban los dioses, rascándose nomás la barriga, contando chistes y haciéndose travesuras.

Bueno, el caso es que los dioses primeros, los más grandes, nacieron el mundo, pero no dejaron claro el para qué o el por qué de cada cosa. Y una de estas cosas eran los ojos.

¿Acaso habían dejado dicho los dioses que los ojos eran para mirar? No pues.

Y entonces ahí se andaban los primeros hombres y mujeres que acá se caminaron, a los tumbos, dándose golpes y caídas, chocándose entre ellos y agarrando cosas que no querían y dejando de tomar cosas que sí querían. Así como de por sí hace mucha gente ahora, que toma lo que no quiere y le hace daño, y deja de agarrar lo que necesita y la hace mejor, que anda tropezándose y chocando unos con otros.

O sea que los hombres y mujeres primeros sí tenían unos sus ojos, sí pues, pero no miraban. Y muchos y muy variados eran los tipos de ojos que tenían los más primeros hombres y mujeres. Los había de todos los colores y de todos los tamaños, los había de diferentes formas. Había ojos redondos, rasgados, ovalados, chicos, grandes, medianos, negros, azules, amarillos, verdes, marrones, rojos y blancos.

Sí, muchos ojos, dos en cada hombre y mujer primeros, pero nada que miraban.

Y así se hubiera seguido todo hasta nuestros días si no es porque una vez pasó algo.

Resulta que estaban los dioses primeros, los que nacieron el mundo, los más grandes, haciendo una su bailadera porque agosto era, pues, mes de memoria y de mañana, cuando unos hombres y mujeres que no miraban se fueron a dar a donde estaban los dioses en su fiestadero y ahí nomás se chocaron con los dioses y unos fueron a dar contra la marimba y la tumbaron y entonces la fiesta se hizo puro borlote y se paró la música y se paró la cantadera y pues también la bailadera se detuvo y gran relajo se hizo y los dioses primeros de un lado a otro tratando de ver por qué se detuvo la fiesta y los hombres y mujeres que no miraban se seguían tropezando y chocando entre ellos y con los dioses.

Y así se pasaron un buen rato, entre choques, caídas, mentadas y maldiciones.

Ya por fin al rato como que se dieron cuenta los dioses más grandes que todo el desbarajuste se había hecho cuando llegaron esos hombres y mujeres.

Y entonces los juntaron y les hablaron y les preguntaron si acaso no miraban por dónde caminaban.

Y entonces los hombres y mujeres más primeros no se miraron porque de por sí no miraban, pero preguntaron qué cosa es “mirar”.

Y entonces los dioses que nacieron el mundo se dieron cuenta de que no les habían dejado claro para qué servían los ojos, o sea cuál era su razón de ser, su por qué y su para qué de los ojos. Y ya les explicaron los dioses más grandes a los hombres y mujeres primeros qué cosa era mirar, y los enseñaron a mirar.

Así aprendieron estos hombres y mujeres que se puede mirar al otro, saber que es y que está y que es otro y así no chocar con él, ni pegarlo, ni pasarle encima, ni tropezarlo.

Supieron también que se puede mirar adentro del otro y ver lo que siente su corazón.

Porque no siempre el corazón se habla con las palabras que nacen los labios.

Muchas veces habla el corazón con la piel, con la mirada o con pasos se habla.

También aprendieron a mirar a quien mira mirándose, que son aquellos que se buscan a sí mismos en las miradas de otros.

Y supieron mirar a los otros que los miran mirar.

Y todas las miradas aprendieron los primeros hombres y mujeres.

Y la más importante que aprendieron es la mirada que se mira a sí misma y se sabe y se conoce, la mirada que se mira a sí misma mirando y mirándose, que mira caminos y mira mañanas que no se han nacido todavía, caminos aún por andarse y madrugadas por parirse.

Subcomandante Marcos
Montañas del sureste mexicano



LA HISTORIA DE LAS MIRADAS
RELATO DEL SUBCOMANDANTE MARCOS
NARRADO POR EDUARDO GALEANO

PARA EL QUE MIRA SIN VER


Por Atahualpa Yupanqui


Para el que mira sin ver
La tierra es tierra nomás
Nada le dice la pampa
Ni el arroyo, ni el sauzal

Pero la pampa es guitarra
Que tiene un hondo cantar
Hay que escucharla de adentro
Donde nace el manantial

En el silbo de los montes
Lecciones toma el zorzal
El cardo es como un pañuelo
Dice adiós y no se va

Campo adentro y cielo limpio
Cha’ que es lindo galopear
Y sentir que adentro de uno
Se agranda la inmensidad

Un mundo en cada gramilla
Adioses en el cardal
Y pensar que para muchos
La tierra es tierra nomás

Atahualpa Yupanqui


1979

PARA EL QUE MIRA SIN VER

quarta-feira, 17 de agosto de 2011



 LOS OTROS CUENTOS

RELATOS DEL SUBCOMANDANTE MARCOS


LA HISTORIA DEL RUIDO Y EL SILENCIO

Hubo un tiempo en los tiempos en que el tiempo no se contaba. En ese tiempo los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, se estaban caminando como de por sí se caminan los dioses primeros, o sea bailando.

En ese tiempo mucho ruido había, por todos lados se escuchaban voces y gritos. Mucho ruido y nada se entendía. Y es que el ruido ése que se había no era para entender nada, sino que era ruido para no entender nada.

Creyeron primero los dioses primeros que el ruido era música y baile y rápido tomaron sus parejas y se empezaron a bailarse así, -y el Viejo Antonio se pone de pie e intenta un paso de baile que consiste en balancearse sobre un pie primero y luego sobre el otro. 

Pero resulta que el ruido no era música ni era baile, era ruido pues, y no se podía bailarse y estarse alegre. Y entonces los dioses más grandes se pararon a escuchar con atención para saber qué quería decir ese ruido que se oía, pero nada que se entendía nada, porque era ruido el ruido, pues.

Y como el ruido no se podía bailar, pues entonces los dioses primeros, los que nacieron el mundo, ya no pudieron caminar porque los dioses primeros caminaban bailando y entonces se detuvieron y muy tristes se estaban sin caminar porque muy caminadores eran estos dioses, los más grandes, los primeros.

Y unos de los dioses trataron de caminarse, o sea bailarse con el ruido ése, pero no se podía y perdían el paso y el camino y se chocaban unos con otros y se caían y se tropezaban con árboles y piedras y mucho se lastimaban estos dioses, -se detiene el Viejo Antonio para volver a encender el cigarro que la lluvia y el ruido le apagaron.

Después del fuego sigue el humo, después del humo sigue la palabra:  Entonces los dioses se buscaron un silencio para orientarse otra vez, pero no lo encontraban por ningún lado al silencio, a saber dónde se había ido el silencio y con razón porque mucho era el ruido que había.

Y desesperados se pusieron los dioses más grandes porque no encontraban el silencio para encontrarse el camino y entonces se pusieron de acuerdo en una asamblea de dioses y mucho batallaron para la asamblea que se hicieron porque mucho era el ruidero que se había y por fin acordaron que cada uno buscara un silencio para encontrar el camino y entonces se pusieron contentos por el acuerdo que tomaron pero no muy se notó porque había mucho ruido.

Y entonces cada dios comenzó a buscarse un silencio para encontrarse y empezaron a buscar a los lados y nada, y arriba y nada, y abajo y nada, y como ya no había por dónde buscar un silencio pues empezaron a buscarse dentro de ellos mismos y empezaron a mirarse adentro y ahí buscaron un silencio y ahí lo encontraron y ahí se encontraron y ahí encontraron otra vez su camino los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, los primeros.

Se calló el Viejo Antonio, la lluvia también. Poco duró el silencio, rápido llegaron los grillos a terminar de romper los últimos trozos de esa noche de febrero hace diez años. Ya amanecía la montaña cuando el Viejo Antonio se despidió con un 'Ya vine'. Yo me quedé fumando unos pedacitos de silencio que la madrugada olvidó en las montañas del sureste mexicano.
Subcomandante insurgente Marcos
Montañas del sureste mexicano.


LA HISTORIA DEL RUIDO Y EL SILENCIO
RELATO DEL SUBCOMANDANTE MARCOS
NARRADO POR DANIEL VIGLIETTI



CHIAPANECA


Por Daniel Viglietti


Esos rasgos que asoman del borde del pasamontañas
son lo aparecido de lo que se ha ido
de lo que se ha ido son lo aparecido
son lo aparecido que anuncia el tambor

Pies descalzos en tierra usurpada, raíces de lluvia
creciendo Zapatas, creciendo Zapatas
como si Emiliano volviera a luchar
como si Emiliano volviera a luchar

Piel de barro moldeando los gestos
de lo aún no nacido, de lo aún no nacido
el cauce de un río el cauce de un río
es lo aparecido que anuncia el tambor

Pa’ verle los sueños al pasamontañas,
nieblas de misterio hay que atravesar
pueblos de silencio hay que atravesar
huellas de memoria hay que atravesar

Sonrisa de elote cubriendo la pena
de tanta carencia en la comunidad
sonrisa de elote cubriendo la pena
sonrisa de elote en la comunidad

Con los marcos que encuadran y acusan
a los cinco siglos de la adversidad
se abre lacandona, se abre lacandona
se abre lacandona la selva ancestral

Y se aman y aman y aman
el sol y la luna, el sol y la luna
abrazo de fuego caricia nupcial
y en el parto alto de aquellos surestes
la flecha destruye a la soledad

La mirada se nos amanece
abriendo en la niebla ventana de luz
ventana de luz a la realidad
de lo aparecido que vuelve a llamar

Nunca oí al silencio contar tanta historia
callarse cantando, callarse cantando
en las chirimías que anuncia el tambor
en las chirimías que anuncia el tambor

Esos rasgos que asoman del borde del pasamontañas
son lo aparecido de lo que se ha ido
los ojos de tierra que nunca han dormido
creciendo Zapatas, creciendo Zapatas
como si Emiliano volviera a luchar

Creciendo Zapatas creciendo Zapatas
como si Emiliano...

                                   Daniel Viglietti 


2004
CHIAPANECA

terça-feira, 16 de agosto de 2011



 LOS OTROS CUENTOS

RELATOS DEL SUBCOMANDANTE MARCOS


LA HISTORIA DE DURITO


Comunicado Zapatista,
Abril 1994


Te voy a platicar una historia que me pasó el otro día. Es la historia de un pequeño escarabajo que usa lentes y fuma pipa. Lo conocí un día que estaba buscando el tabaco para fumar y no lo encontraba. De pronto, a un lado de mi hamaca vi que estaba caído un poco de tabaco y que se formaba una hilerita. La fui siguiendo para ver dónde estaba mi tabaco y averiguar quién carajos lo había agarrado y lo estaba tirando. A unos cuantos metros y detrás de una piedra me encontré a un escarabajo sentado en un pequeño escritorio, leyendo unos papeles y fumando en una pipa diminuta.

-Ejem, ejem -dije yo para que el escarabajo se percatara de mi presencia, pero no me hizo caso.

Entonces le dije:

-Oiga, ese tabaco es mío.

El escarabajo se quitó los lentes, me miró de arriba a abajo y me dijo muy enojado:

-Por favor, capitán, le suplico que no me interrumpa. ¿Qué no se da cuenta de que estoy estudiando?

Yo me sorprendí un poco y le iba a dar una patada, pero me calmé y me senté a un lado para esperar a que terminara de estudiar. Al poco rato recogió sus papeles, los guardó en el escritorio y, mordisqueando su pipa, me dijo:

-Bueno, ahora sí. ¿En qué puedo servirle, capitán?

-Mi tabaco -le respondí.

-¿Su tabaco? -me dijo-. ¿Quiere que le dé un poco?

Yo me empecé a encabronar, pero el pequeño escarabajo me alcanzó con su patita la bolsa de tabaco y agregó:

-No se enoje, capitán. Comprenda que aquí no se puede conseguir tabaco y tuve que tomar un poco del suyo.

Yo me tranquilicé. El escarabajo me caía bien y le dije:

-No se preocupe. Por ahí tengo más.

-Mmh -contestó.

-Y usted, ¿cómo se llama? -le pregunté.

-Nabucodonosor -dijo, y continuó- pero mis amigos me dicen Durito. Usted puede decirme Durito, capitán.

Yo le agradecí la atención y le pregunté qué era lo que estaba estudiando.

-Estudio sobre el neoliberalismo y su estrategia de dominación para América Latina -me contestó.

-Y eso de qué le sirve a un escarabajo -le pregunté.

Y él me respondió muy enojado: "Cómo que de qué? Tengo que saber cuánto tiempo va a durar la lucha de ustedes y si van a ganar o no. Además, un escarabajo debe preocuparse por estudiar la situación del mundo en el que vive, ¿no le parece capitán?"

-No sé -le dije-. Pero ¿para qué quiere saber usted cuánto tiempo va a durar nuestra lucha y si vamos a ganar o no?

-Bueno, no se ha entendido nada -me dijo poniéndose las gafas y encendiendo su pipa. Después de echar una bocanada de humo continuó:

-Para saber cuánto tiempo nos vamos a estar cuidando los escarabajos de que no nos vayan a aplastar con sus bototas.

-¡Ah! -dije

-Mmh -dijo él

-¿Y a qué conclusión ha llegado usted en su estudio? -le pregunté.

Él sacó sus papeles del escritorio y los empezó a hojear.

-Mmh... mmh -decía a cada rato mientras los revisaba.

Después que acabó de hacerlo, me miró a los ojos y me dijo:

-Van a ganar.

-Eso ya lo sabía -le dije. Y agregué: -Pero ¿cuánto tiempo va a tardar?

-Mucho -me dijo suspirando con resignación.

-Eso también ya lo sabía... ¿No sabe cuánto tiempo exactamente? -pregunté.

-No se puede saber con exactitud. Hay que tomar en cuenta muchas cosas: las condiciones objetivas, la madurez de las condiciones subjetivas, la correlación de fuerzas, la crisis del imperialismo, la crisis del socialismo, etcétera, etcétera.

-Mmh -dije yo.

-¿En qué piensa, capitán?

-En nada -le contesté-. Bueno señor Durito, tengo que retirarme. Tuve mucho gusto en conocerle. Sepa usted que puede tomar todo el tabaco que guste cuando quiera.

-Gracias capitán. Puedes tutearme si quieres -me dijo.

-Gracias Durito. Ahora voy a dar orden a mis compañeros de que está prohibido pisar a los escarabajos. Espero que eso ayude.

-Gracias, capitán, nos será de mucha utilidad tu orden.

-Como quiera que sea, cuídese mucho porque mis muchachos son muy distraídos y no siempre se fijan dónde ponen el pie.

-Así lo haré, capitán.

-Hasta luego.

-Hasta luego. Ven cuando quieras y platicaremos.

-Así lo haré -dije, y me retiré hacia la intendencia.

Subcomandante insurgente Marcos
Montañas del sureste mexicano.



HISTORIA DE DURITO
RELATO NARRADO
POR LEÓN GIECO




EL SR. DURITO Y YO


Por León Gieco


Estaba yo pensando en unas palabras para este encuentro.
Estaba yo escribiendo un discurso para este pueblo.
Me distraje viendo a la luna, allá en las nubes, allá en el cielo.

Estaba por declararme muy firmemente desconcertado.
Bajé la mirada y vi que mi papel estaba en blanco.
Me distraje viendo a un bichito muy parecido a un escarabajo.

Yo soy Señor Durito, no soy un bicho ni escarabajo.
Yo soy Señor Durito, héroe de niños y de ancianos.
Con mi estirpe de caballero clavo mi lanza de buen lancero.

Ay, ay, ay, ay, me voy a volar, y usted aquí esclavo de andar.
Arriba, la luna, como una nube de crinolina
con su rubor eterno mancha y mancha sus orillas.
Abajo, hombres y mujeres soñando celebran la existencia
yo suspirando para que la esperanza y la luna vuelvan.
Ay, ay, ay, ay, me voy a volar, y usted aquí esclavo de andar.

Escuche Señor Durito, unas palabras necesito
para esta disertación sobre liberalismo.
Me distrajo la luna y me distrajo usted, señor bichito.

Escudero analfabeto que no sabe nada de esto.
Como buen plebeyo sabrá que no hay remedio:
en esta globalización todos los globos se revientan.

Nosotros, los que volamos, somos tan libres como es el viento.
Ustedes quedan abajo: son los rebeldes, son los chicanos,
son los negros, son los latinos, maricas, presos, los marginados.

                                                                     León Gieco

1997
EL SR. DURITO Y YO